Indios, locos y árboles.

Durante meses, aquel árbol fue el único amigo que le quedaba en la tremenda soledad que nos hemos enfrentado en este año, que ya se extingue afortunadamente. Tanto fue así, que mi abuelo, permanecía hasta altas horas de la madrugada conversando con él.

Esta mañana, mi abuelo ha caído en una profunda depresión, y lo que no ha logrado una terrible pandemia, lo han conseguido una cuadrilla de atribulados operarios siguiendo ordenes de alguien aún mas loco si cabe.

Han talado todos los árboles de una de las aceras de la calle Sabino Fernandez campo, aquí en el barrio de Teatinos.

¿Porqué? Me preguntó sobresaltada una de mis hijas de casi cuatro años, y al carecer yo de respuesta, quizás como resultado con este tipo de acciones trasnochadas, donde se suelen reunir prisas y esfuerzos, pase lo que pase, y caiga quien caiga (nunca mejor dicho). Decidí lanzar esa pregunta a uno de los operarios, que parecía estar al mando de aquella mini Troya. Su respuesta fue clara y concisa: -“Se han cortado porque estaban levantando las aceras”.

Necesité tiempo para asimilar aquella respuesta, pensando cómo estaba la acera antes de cortar los árboles y cómo se quedó poco después. Simplemente allí NO había acera, ni levantada, ni sin levantar…

Ahora las preguntas me las hacía yo:
¿Para qué formamos y vivimos en comunidad?
¿Quién decide unilateralmente lo correcto y lo incorrecto?

Este indomable año nos ha enseñado muchas cosas y situaciones que muchos solo habíamos imaginado viendo alguna película de

pura ciencia ficción. Además, también nos ha mostrado nuestras costuras como sociedad, y casi todos, hemos suspirado por haber pasado esta pesadilla en el campo, fuera y cuánto más lejos mejor de la ciudad.

Nosotros no tuvimos elección. Nuestra alternativa, fue nuestra pequeña ventana de alegría diaria que consistía en observar, escuchar, cantar o reír a los pájaros como nunca, al menos, en este barrio.

Pero ya no es posible, han cortado todos los árboles, apenas en media tarde.

No voy a entrar a culpabilizar a unos y otros, responsables según el color azul o rojo de sus chaquetas, no toca.
Pero sí voy a recordarles de que dejen de mencionar lo bien que hacen las cosas los de por allá arriba en El Norte.

Por avatares de mi vida profesional, parte de la pandemia la pasé en Finlandia, y no estaría de más conocer como por allí se respetan y se respeta a todo.
A lo mejor, es consecuencia de que lo primero que tienen escrito en su lista de respeto es la Naturaleza y en su mayor expresión: los árboles.

Envío esta carta hoy, porque leí ahora la noticia en La Voz de Asturias, y tenía mis dudas razonables del porqué y de donde había surgido la maldita idea.
Pues si mañana un amigo de mi abuelo cuando fuese a comprar pan, tropezase y se cayese por culpa de una de esas raíces, me hubiese dolido también a mí.

No ha sido el caso, y mi hija no entiende la bárbara solución tomada. Yo menos, y parece que los Vecinos del Colectivo Barrios del Este tampoco.

Soloukhin que se propuso combatir la falta de sensibilidad al mundo vegetal del pueblo sovietico, citó una vez “Que la observación humana es tan precisa que solo nos ponemos a observar el aire que respiramos cuando no basta para nuestras necesidades.”

Al menos, sé que parte de nuestros vecinos no son insensibles. Es por ellos, por quien retomo y reescribo esta humilde carta con esta foto que tomada el infausto día después.

Soy padre, pero podría ser abuelo o hija, y envío esta carta con destinatario al que dio la orden final, NO siguiendo una energía de índole superior, que todos poseemos: nuestro pensamiento.page3image108763264

Carta :

“Mire usted Señor, eliminar un árbol debe ser la última y drástica opción, si era por la acera, ahora NO hay tal acera, y honestamente, conocemos soluciones que hubiesen evitado la tala de TODOS los árboles de la acera.

Debería usted saber Señor, que los indios americanos, cuando pasaban por momentos difíciles, se internaban en los bosques, y con los brazos extendidos, apoyaban la espalda en el tronco de un árbol para llenarse y saturarse de su poder.

De una manera extraña, en el barrio muy cerca de allí, se salvaron otros árboles, unos plataneros, a pesar de la faraónica obra que se acometió al lado de ellos, como lo fue el nuevo hospital HUCA.

Lo más curioso de esta historia Señor, es que esos árboles fueron cuidados y respetados por los inquilinos del antiguo manicomio de La Cadellada.

Pero Señor, esos eran otros locos y estos árboles no eran plataneros, sino alcornoques, árboles que simbolizan la verdad de saber conservar y proteger, qué terrible parodia.

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